Las penas con fado son buenas

“Amor y celos, cenizas y lumbre, dolor y pecado; todo esto existe, todo esto es triste, todo esto es fado” cantaba Amalia Rodrigues, la Reina del Fado; y no lo pudo haber dicho mejor, pues hablar de fado es hablar de nostalgia, desamor, vicisitudes y cualquier historia meláncolica presente en la vida de los portugueses.

Y es que el fado tuvo sus orígenes en las tavernas, las calles, reuniones y demás actividades del día a día de la ciudad de Coimbra, cuyos relatos prácticamente poéticos se acompañaban de la triste melodía de una guitarra portuguesa (cítara en forma de pera con doce cuerdas) y una voz masculina. Al principio, era un acompañante común de los barrios populares, sin embargo con el tiempo el fado se convirtió en la voz de toda la población sin distinción, chicos y grandes, clases altas y bajas.

Hoy en día el fado sigue tan vigente como en la década de los años 1800 cuando surgió, pues con el paso del tiempo se fue transformando desde sus inicios en Coimbra, dando paso a una segunda rama, el fado de Lisboa, con Amalia como principal exponente a nivel internacional; tanto que a su muerte se pensaba que quizá el fado se iría junto con ella, sin embargo pasó justamente lo contrario. Ya ahora en el siglo XXI los jóvenes han adoptado este canto urbano y podríamos decir han dado vida a una tercera etapa en la vida de este Patrimonio Inmaterial de la Humanidad (Unesco, 2011); de hecho, dos de los principales fadistas de la actualidad, Mariza y Marco Rodrigues, fueron nominados al Grammy latino en 2016.

Lo que definitivamente permanece, es que el fado lleva la esencia del sentir portugués a donde quiera que va, siendo reconocido en distintos festivales en diversos países, por ejemplo el Festival Cervantino en México o el Festival del Fado en Madrid. En la misma Lisboa por supuesto que hay recintos dedicados por completo a este arte, incluso tiene su propio museo, sin embargo también puedes visitar el barrio de Alfama y dejar que la música te lleve a cualquiera que sea tu fatum, posible raíz en latín de fado, que significa destino.

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